miércoles, 22 de octubre de 2008

Conrado Menéndez Mena y Conrado Menéndez Díaz, universitarios invictos


Entre líneas

Recordando a Conrado Menéndez Díaz

Por Carlos E. Bojórquez Urzaiz

Antes de acudir a las aulas de la Escuela Preparatoria de la Universidad, donde con esmero trató de enseñarme el arte de usar correctamente la lengua castellana, supe que Conrado Menéndez Díaz era una persona admirable, amigo cordial que por las tardes visitaba la casa para traer noticias de algún libro reciente, o sencillamente para conversar con mis padres y mis tíos, mientras corregía las pruebas de estilo de las revistas Orbe, o la inolvidable Revista de la Universidad, dirigidas por él sin percibir salario por una labor que de suyo resultaba compleja. Era maravilloso escucharlo hablar al mismo tiempo que añadía comas y acentos a los textos que enmendaba, sin dejar de sonreír y aun sorbiendo de vez en cuado un poco del café que le brindaban. Sus visitas podían extenderse hasta bien entrada la noche, si coincidía con su interlocutor preferido que lo era el capitán Luis Urzaiz, quien confrontaba el ideario de Conradito a través de sus propias percepciones sobre el acontecer latinoamericano, que casi siempre concluía en empate y consenso, en torno a la figura política que ambos consideraron “el mesías del Caribe”.

Con el paso de los años, traté de nuevo al abogado Conrado Menéndez en la Universidad, primero como uno de esos profesores que fijan su impronta en el corazón del estudiante, puesto que siendo poseedor de una cultura erudita, su sencillez proverbial fue algo más que una enseñanza perdurable para mí. Además, estudiar gramática en el libro de su autoría, agregaba valor a la experiencia educativa, ya que si al concluir su clase quedaba alguna duda, con amabilidad la despejaba remitiéndonos a la página exacta de su tratado, o a los diferentes libros que recomendaba leer.

Más tarde me abrió las puertas de su talento como editor de la Máxima Casa de Estudios, alentándome a publicar y dispensándome unas breves líneas introductorias que, a manera de prólogo, encabezan el primer texto con pretensiones académicas que publiqué en el año de 1979. Recuerdo que en aquella época el Maestro acudía los mediodías al desaparecido Café Sevilla, donde conversaba con otros distinguidos intelectuales y maestros, en unas tertulias que miraba desde otra mesa con Conrado Roche Reyes, y a la que reiteradamente nos invitaba. A pesar de que nuestro descuidado vestido podía ser motivo de alguna broma mordaz, Conrado Menéndez nos decía, en voz baja, sin despegar la vista de las páginas de la Revista, que no hiciéramos caso. –Si ellos se liberaran – agregaba cariñosamente Conradito- también se podrían alpargatas y cargarían su morralito.

Conservo en un librero, además de su Compendio de Gramática Castellana, un ejemplar de su insinuante obra: El humorismo en Yucatán. (Breve Repaso) con dedicatoria de su puño y letra en la que escribió: “Al dilecto a amigo de toda la vida Carlos Bojórquez Urzaiz, con afecto cordial, Conrado Menéndez. Abril 12 de 1986”. Lo guardo con cariño limpio, no sólo por ser un libro pionero en el ámbito de la recopilación de las tradiciones humoristas de Yucatán, que tristemente hoy proliferan folclorizando ese aspecto de nuestra identidad, sino porque se trata de un intelectual que dejó huellas definitivas en nuestra Alma Mater, por cuanto con humildad supo entrelazar su pertenencia a una familia de profundo raigón universitario, con su indiscutible compromiso de servir sin intereses frívolos a la comunidad académica e intelectual como editor. Murió en 1987 siendo el activo escritor que siempre recordaré, y dejó un vacío en la Universidad Autónoma de Yucatán, que entre líneas, estimo que no se ha llenado todavía.

2 comentarios:

Agapito dijo...

Carlos:
Un excelente recuerdo de tiempos idos... no muy lejanos en los micrófonos de 102.9 FM.
Saludos fraternales.
Ordrgznñz

Anónimo dijo...

Este dos de diciembre será el centenario del natalicio del Abogado Conrado Menéndez Díaz.