sábado, 11 de diciembre de 2010

Apicultura rítmica

Abeja mínima, entre la colmena y el huerto despunta la limonaria, con unos ramitos de polen que nutrirán tu entraña.Vuela y recoge lo que más te plazca, porque si falta miel visitaré tu casa

sábado, 20 de noviembre de 2010

¿De lirios o delirios?

A quien corresponda:
Las lomas guarecen el racimo de lirios que permanece entintado y destila gotas de sus jugos que filtran por el tragaluz. Los lirios blancos e irreductibles, con puntas de estrella en cada pétalo, también destilan aromas insospechables que rodean el azar o la racionalidad de Guantánamo puesto a flor de piel. No sé si volver sobre el estribillo que articuló los Versos Sencillos, o escribir desde la sencillez de un lirio sosteniendo el peso de esta historia-.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Vacilación

Saber cuándo y dónde escribir una palabra, facilita la honradez que la engalana. Como las escenas, sino se enfocan con luz suficiente, oscurecen la sonrisa del clavel. Pero si las noches se incendian con el goce de las nubes, los días se marchitan sin el sol. El error más grave es olvidar que somos de carne y hueso.

Palabras

Separé la malla que cubre su ternura y los ojos aumentaron el apuro de callar para siempre o decirlo de una vez


jueves, 11 de noviembre de 2010

Concha nácar

El agua fue su incipiente vestido, pero la humedad le alzó las enaguas con ímpetu repentino. Envolví el germen sin perturbar la oquedad profunda donde estaban las joyas, y entonces vi que sus uñas son la alhaja de sus manos, y el nácar perfumado se esconde en el pozo de las flores




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domingo, 31 de octubre de 2010

Del mismo cocuyo

 A contraluz el cocuyo alza la voz, escribe frases exaltadas, y no se menea para dar paso a la brisa que le hincha los pulmones. Se regocija con un pedazo de la fruta, pero amasa lunas nuevas y soles maduros para servir en cazuela a su infante dichoso. Tributo la seda de sus alas y de su saya por donde los contornos, antes que las luces, demandan delirios devotos. Se arrulla los paño suaves porque envuelven cuerpos suave.

viernes, 29 de octubre de 2010

El cantón de seda

 Fiel a las piedras gordas y al cantón vecino, un tingado resiste los aguaceros que avivan la sal y el maíz paradójico de incontables compañeros. Unos frotan la lumbre antes de alcanzar la calle, donde las monjas plantean clemencia, pues la marquesina de los cerros se desgajaba como tela, y ya nadie aguardó por el ajuste de las estrellas. ¿Quién diría que allá residió la princesa criolla de las dos trenzas?